jueves, 25 de agosto de 2011


Siempre cuando me levanto de la cama y tengo que cambiarme doy mil y un vueltas para escoger la ropa que quiero ponerme ese día, ya que siempre pienso que no tengo ropa y/o no tengo la que combina. La mayoría de personas (hombres) dicen que las mujeres nos demoramos más en cambiarnos, casi como media hora, pero no siempre es así; en mi caso se llega al EXTREMO. Por ejemplo, si un día tengo universidad, me tengo que levantar TRES horas antes de la hora que marca mi horario, pues si no lo hago, dudo que llegue temprano a clases, ya que demoro UNA hora mínimo en alistar mi ropa y cambiarme. Primero, subo a mi azotea a ver si hace frío, calor o si el clima esta normal; luego abro mi ropero y voy sacando una a una las prendas que supuestamente me pondré y las voy dejando encima de mi cama. Cuando volteo a ver la ropa que según yo he decidido ponerme, me quedo en SHOCK cuando 
veo que tengo como VEINTE prendas y aún no he decidido que ponerme. Es más, cuando ya al final decidí que conjunto ponerme, lo plancho y luego me visto; pero cuando voy al espejo y no me gusta lo que escogí o me queda mal (según yo) me lo quito y vuelvo al laberinto de ropa a escoger uno mejor. Al escoger un nuevo conjunto después de CINCUENTA minutos, lo plancho y me lo pongo; voy al espejo y si me gusta, me lo dejo puesto. Aquí entra el dilema de las zapatillas, pues ya escogida mi ropa y faltando DIEZ minutos, me empiezo a probar par tras par de zapatillas o botas (hasta le pregunto a mi hermana si el color le cae a la ropa que escogí) o uno de cada uno, es decir, una zapatilla de tal color y otra de otro color hasta encontrar el par perfecto. Finalmente y después de MÁS DE UNA hora, puedo ir tranquila a tomar desayuno, siempre y cuando me haya alcanzado el tiempo, pues de mi casa tengo que salir UNA hora antes de mi hora de entrada. La parte graciosa de todo esto es que al final de TOOOOODO el drama fashionista termino poniéndome un JEAN, un POLO, las ZAPATILLAS DE SIEMPRE y una CASACA.